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La humildad, signo del cristiano

La sabiduría de Dios se contrapone con la "sabiduría" humana que, teniendo como paradigma el concepto occidental, la compara con el conocimiento y manejo de contenidos que una persona posee y que, en muchos de los casos, sirve para humillar y pisotear a los humildes y sencillos.
Para Dios la humildad y la sencillez constituyen los valores fundamentales que deben adornar a las personas, porque estás cualidades las vuelven más abiertas a la revelación de Dios y su mensaje de salvación y esperanza. El profeta Zacarías destaca la humildad del gobernante, y confirma la protección de Dios hacia la gente sencilla que busca por todos los medios acabar con la violencia y construir en la sociedad la justicia y la igualdad.
La prepotencia y soberbia de los que se creen sabios (o entendidos) no permiten construir relaciones pacíficas e igualitarias. Estas personas, dice el Apóstol, son aquellas que no poseen el Espíritu de Cristo, y, por lo tanto, no son aún cristianos y están esclavizados por el instinto, destinados a la muerte. Pero los que se dejan habitar por el Espíritu de Cristo, son libres, viven alegres y son capaces de reconocer en los demás el rostro humano y cercano de Dios, que revela las cosas "a los pequeños".
"Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra", debe ser la oración diaria de quien se siente comprometido con el anuncio del mensaje de salvación y esperanza a todos aquellos que la sociedad del consumo y la apariencia los ha dejado un lado. No se puede construir verdaderas relaciones humanas si no actuamos con humildad y sencillez. La soberbia se convierte en una carga que desgasta la vida y no permite acercarse al Señor para ser aliviados y confortados por Él. P. Z.
Vengan a mí todos los que están rendidos y agobiados, que yo los aliviaré.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, julio 06 del año 2014

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