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NO CERRAR EL CORAZÓN A LA PALABRA

A pesar de los aparentes fracasos de la siembra de la semilla, la eficacia de la Palabra de Dios está asegurada, pues la tierra fértil compensa con creces la esterilidad del camino, el pedregal y las zarzas.
Hay tantos terrenos en el corazón de cada uno de nosotros que acogen o rechazan el mensaje de Jesús y que simbolizan nuestra aceptación, o indiferencia ante él.
La iniciativa de Dios que ofrece al hombre su semilla, espera el buen fruto de ésta, pero respeta la libertad del hombre. Preguntémonos, pues, qué clase de terreno somos, qué clase de fruto damos. ¿Acojo la Palabra y la hago norma de vida? ¿Soy indiferente? ¿La rechazo y por qué? La respuesta debe salir del corazón. Cristo fue el primer grano de trigo que muriendo en el surco dio una cosecha espléndida de vida y resurrección.
Ojalá las voces de este mundo que nos seducen a encontrar una felicidad caduca no nos distraigan, ni la terquedad ni el egoísmo o la soberbia nos conviertan en terreno infecundo. Ojalá no seamos áspero sendero, duro pedregal o zarzas inhóspitas, sino terreno fértil que hace fructificar el ciento por uno: amor, constancia, servicio y conversión continua.
El "maligno" o personificación del mal, que es el verdadero enemigo del Reino y de Jesús, cuando entra en nuestro corazón lo vuelve receloso, cerrado, despiadado, interesado y no puede hacer el bien. El egoísmo y el entusiasmo superficial, son actitudes incompatibles con el Reino. Este sólo puede crecer en el terreno de la apertura y la disponibilidad.
Jesús sufrió la amargura de la incomprensión y la falta de resultados, pero estaba convencido de que su palabra no podía quedar estéril, sino ser semilla de vida fecunda. Ojalá sepamos acoger lo que la palabra de hoy nos revela y sepamos hacerla fructificar al ciento por uno. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, julio 13 del año 2014

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¿Vamos por el camino, equivocado?

Hoy el Señor se define como el Camino, la Verdad y la Vida. Nos dice por dónde debemos ir ante tantas falsas alternativas; qué debemos evitar para no hacernos daño; dónde está la verdad en un mundo lleno de mentira y cómo promover la vida en una sociedad plagada de muerte y de pecado.
Hay quienes viven sin horizonte, impulsados sólo por el afán del placer y del propio interés: No conocen la alegría de quien se renueva y crece. Añaden años a su vida, pero no infunden vida a sus años. Les falta capacidad para reconocer que Cristo es el camino verdadero que hay que seguir para orientar la vida y emplearla de la mejor forma, sin desperdiciarla.
Todos queremos vivir más y mejor, pero tratando de descubrir cuál es la manera más acertada, sensata y sabia, para así enfrentar a una existencia a menudo oscura, enigmática y problemática. Es importante ir descubriendo la fuerza, la luz, la alegría y la vida que podemos recibir de Jesús, que nos interroga también como a Felipe: ¿con tanto tiempo que llevo contigo, con las veces que te he manifestado mi amor y te he alimentado con mi palabra y mi cuerpo, con todo lo que he compartido contigo en los amigos y en necesitados, y no me conoces?
Lo que nos falta es una mirada iluminada por la fe que permita entrever el camino del Padre, y nos ayude a superar las fantasías e ilusiones, esto es, una fe capaz de hacer cosas maravillosas. Jesús es el Camino que debemos seguir (evitando senderos torcidos), es la Verdad que debemos buscar (evitando la mentira y la doblez) y la Vida que debemos promover y que nos permite vivir bien (sin confundirla con el disfrute egoísta). Y de esto debemos ser testimonio también nosotros con el fin de ayudar y orientar a nuestros hermanos. J. M.

Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?".

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, mayo 18 del año 2014

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