Después de esto, Jesús se
fue al otro lado del Lago de Galilea, que es el mismo Lago de Tiberias. Mucha gente lo seguía, porque habían visto las
señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos. Entonces Jesús subió a un monte, y se sentó
con sus discípulos. Ya estaba cerca la
Pascua, la fiesta de los judíos. Cuando
Jesús miró y vio la mucha gente que lo seguía, le dijo a Felipe: ¿Dónde vamos a
comprar pan para toda esta gente? Pero
lo dijo por ver qué contestaría Felipe, porque Jesús mismo sabía bien lo que
había de hacer. Felipe le respondió: Ni
siquiera el salario de doscientos días bastaría para comprar el pan suficiente
para que cada uno recibiera un poco. Entonces Andrés, que era otro de sus
discípulos y hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un niño que tiene cinco panes de
cebada y dos pescados; pero, ¿qué es esto para tanta gente? Jesús respondió: Díganles a todos que se
sienten. Había mucha hierba en aquel lugar, y se sentaron. Eran unos cinco mil
hombres. Jesús tomó en sus manos los
panes y, después de dar gracias a Dios, los repartió entre los que estaban
sentados. Hizo lo mismo con los pescados, dándoles todo lo que querían. Cuando ya estuvieron satisfechos, Jesús dijo a
sus discípulos: Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicie nada.
Ellos los recogieron, y llenaron doce
canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. La gente, al ver esta señal milagrosa hecha
por Jesús, decía: De veras éste es el profeta que había de venir al mundo. Pero
como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerlo
rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro, para estar solo.
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Juan 6, 1-15
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Marcos 6, 30-34
Después de esto, los
apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y
enseñado. Jesús les dijo: Vengan, vamos
nosotros solos a descansar un poco en un lugar tranquilo. Porque iba y venía
tanta gente, que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer. Así que Jesús y sus apóstoles se fueron en una
barca a un lugar apartado. Pero muchos
los vieron ir, y los reconocieron; entonces de todos los pueblos corrieron
allá, y llegaron antes que ellos. Al
bajar Jesús de la barca, vio la multitud, y sintió compasión de ellos, porque
estaban como ovejas que no tienen pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
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VENGAN A DESCANSAR UN POCO
Jesús, el Maestro y amigo de los discípulos
necesita preguntar, conocer, hacer un balance y alegrarse por lo realizado, por
eso los invita a descansar un poco en un lugar tranquilo.
Esta escena tan humana recoge lo que fue un rasgo
habitual de Jesús y su grupo, esto es, el cultivo de la amistad y su
preocupación por preparar bien a sus discípulos.
Por eso reservó para ellos una buena parte de su
tiempo.
Además Jesús está preocupado por tanta gente que
anda como ovejas sin pastor, y a pesar de que no le quedaba tiempo ni para
comer, se puso a enseñarles con calma.
Una de las cosas que más necesitamos hoy es la
fuerza atractiva y el testimonio de auténticos líderes. Hay muchas ovejas que
van desorientadas, como ovejas sin pastor, y los líderes escasean. Y muchos que
pretendían ser amigos u orientadores han defraudado debido a que tenían otros
intereses.
Como cualquier persona, Jesús necesitó momentos y
espacios para descansar, reflexionar y mantener su paz interior. Todos
necesitamos hacer una pausa en nuestra vida y recargar nuestras energías en un
mundo lleno de tensiones y de febril actividad.
Necesitamos encontrarnos con Jesús, con nosotros
mismos, con nuestro grupo y redescubrir las raíces que dan sentido a nuestra
vida. Por eso el descanso verdadero no es tiempo muerto, placer vacío ni
repliegue egoísta, o sólo para pasarla bien. El descanso verdadero es actividad
que nos renueva, que nos fortifica para afrontar la vida con entusiasmo y amor.
El discípulo de Jesús está embarcado en una misión de trabajo y reflexión, de
acción y contemplación, dos actividades que animan, instruyen y alimentan el
cuerpo y el espíritu. J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, julio 19 del año 2015
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Maestro
Marcos 6, 7-13
Llamó a los doce discípulos,
y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus
impuros. Les ordenó que no llevaran nada
para el camino, sino solamente un bastón. No debían llevar pan ni provisiones
ni dinero. Podían ponerse sandalias,
pero no llevar ropa de repuesto. Les
dijo: Cuando entren ustedes en una casa, quédense allí hasta que se vayan del
lugar. Y si en algún lugar no los
reciben ni los quieren oír, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies,
para que les sirva a ellos de advertencia. Entonces salieron los discípulos a decirle a
la gente que se volviera a Dios. También
expulsaron muchos demonios, y curaron a muchos enfermos ungiéndolos con aceite.
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LOS APEGOS QUE NOS ESCLAVIZAN
El desprendimiento de las cosas materiales, la
austeridad y el amor son condición indispensable para la misión: ni pan, ni
alforja, ni dinero, ni dos túnicas, nada para el camino, excepto un bastón y
sandalias. Pero eso sí, con poder para expulsar espíritus malignos. El enviado, debe ser capaz de prescindir de
todo, incluso del dinero, pues éste puede esclavizarlo. Debe tener su corazón y
su confianza puestos sólo en Dios, y en la comunidad donde se siente acogido.
Se trata de un desprendimiento que confiere libertad y genera credibilidad.
Para ser libres es una ventaja "ir ligeros de equipaje".
Jesús los envía de dos en dos, de modo que tenga
validez jurídica su testimonio y se puedan también ayudar mutuamente. La misión cristiana tiene como objetivo
luchar contra las fuerzas del mal, generar conversión y cambio de vida, sanación
integral y salvación.
El enviado no debe desmotivarse si encuentra
actitudes de rechazo o indiferencia. Debe romper con cuantos no reciban el
mensaje y procurar buscar lugares donde haya enfermos que sanar y gente para
evangelizar.
El apego a las cosas materiales y especialmente al
dinero puede minar la vocación y producir esclavitud y distracción. El desprendimiento radical, el uso de los
medios de comunicación y el amor a la misión, son factores indispensables para
evangelizar en esta sociedad de opulencia y despilfarro.
Así podremos ser enviados auténticos y eficaces de
Jesús; alejaremos de nosotros el maligno, curaremos enfermos del alma y del
cuerpo. Recordemos que somos los continuadores de la presencia de Cristo en el
mundo. J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, julio 12 del año 2015
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Mateo 28, 16-20
Así pues, los once
discípulos se fueron a Galilea, al cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque
algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos
y les dijo: Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las
naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles
a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con
ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.
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Juan 2, 13-25
Como ya se acercaba la
fiesta de la Pascua de los judíos, Jesús fue a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de
novillos, ovejas y palomas, y a los que estaban sentados en los puestos donde
se le cambiaba el dinero a la gente. Al
verlo, Jesús tomó unas cuerdas, se hizo un látigo y los echó a todos del
templo, junto con sus ovejas y sus novillos. A los que cambiaban dinero les
arrojó las monedas al suelo y les volcó las mesas. A los vendedores de palomas les dijo: ¡Saquen
esto de aquí! ¡No hagan un mercado de la casa de mi Padre! Entonces sus discípulos se acordaron de la
Escritura que dice: «Me consumirá el celo por tu casa.» Los judíos le preguntaron: ¿Qué prueba nos das
de tu autoridad para hacer esto? Jesús
les contestó: Destruyan este templo, y en tres días volveré a levantarlo. Los judíos le dijeron: Cuarenta y seis años se
ha trabajado en la construcción de este templo, ¿y tú en tres días lo vas a
levantar? Pero el templo al que Jesús se
refería era su propio cuerpo. Por eso,
cuando resucitó, sus discípulos se acordaron de esto que había dicho, y
creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús. Mientras Jesús estaba en Jerusalén, en la
fiesta de la Pascua, muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que
hacía. Pero Jesús no confiaba en ellos,
porque los conocía a todos. No
necesitaba que nadie le dijera nada acerca de la gente, pues él mismo conocía
el corazón del hombre.
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NUEVO TEMPLO PARA UN CULTO NUEVO
Nos asombra el hecho de que Jesús levantara su mano
contra los mercaderes que estaban negociando en el templo y que los echara de
allí a latigazos. Pero esta acción, por dura que parezca, no tiene más que un
fin: llamar a la conciencia de que no se puede convertir el templo (material y
espiritual) en un mercado, donde se negocia con la vida y la dignidad de las
personas.
En la purificación del templo Jesús aparece como
innovador y se pronuncia por una religión pura, limpia y quiere un culto vivo
nacido de la fe y del corazón. La asamblea litúrgica es la auténtica Iglesia de
Dios, su santuario espiritual. Y cada bautizado en el Espíritu de Jesús, es el
mismo templo de Dios. San Pablo dijo:"¿No
saben que ustedes son templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en
ustedes?"(1Co 3, 16).
Toda persona es templo de Dios ya que está hecha a
su imagen y semejanza. Por eso, destruir (profanar) un templo vivo es el mayor
sacrilegio. Sin embargo, sabemos de niños que mueren antes de nacer, de mujeres
violadas, de cuerpos mutilados, etc., todo esto es un atentado contra la máxima
creación de Dios.
El culto a Dios sin defensa de la dignidad de las
personas no es un verdadero culto. Templo, altar, ofrendas y ritos tienen un
valor cultual, pero para que haya un culto verdadero a Dios cuenta la primacía
del espíritu, del corazón y de la fe de los creyentes que alaban a Dios en
unión con Cristo.
Debemos
ser piedras vivas y dinámicas del templo. Y hay que trasladar la vida al culto
y el culto a nuestra existencia personal, laboral, familiar. Hay que respetar
el templo donde Cristo se nos da en alimento, a través de la comunión y de su
Palabra. Así podremos adorarlo, darle gracias, bendecirlo y darle culto como Él
quiere, con una religión auténtica en espíritu y en verdad. J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, marzo 8 del año 2015
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FUERON A SU CASA Y SE QUEDARON CON ÉL
Juan Bautista, señalando a Jesús, dice: "Éste es el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo", e invita a la gente a seguirlo. Los discípulos
descubren, creen, son tocados por la experiencia personal con Jesús. De hecho,
fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. La mirada penetrante
y amable de Jesús, sus palabras, el compartir y observar el ambiente de su
casa, dejó en ellos una huella profunda.
Todos tenernos en nuestra vida —un día cualquiera a
las "cuatro de la tarde"— un momento fuerte de encuentro con quien
nos llena de entusiasmo, de esperanza y nos anima.
La pregunta de Jesús: "¿A quién buscan?" toca lo más profundo de nuestro ser. Y
Jesús no se esconde ante quien lo busca honradamente. Se vuelve, invita y dice:
"Sígueme". Dialoga,
explica y facilita el encuentro.
En un mundo en que prima lo físico, lo corpóreo, lo
material, nuestro testimonio de cristianos es indispensable y urgente. Alguien
dijo que al mundo y al hombre actuales se le está agrandando él cuerpo y
empequeñeciendo el espíritu. Por eso el papa Pablo VI decía: "El mundo actual necesita urgentemente
un suplemento de alma”.
Hay un alarmante desajuste de criterios que se
deduce de la influencia de los medios de comunicación. Los valores del espíritu
se disuelven, se relativizan, cuando son remplazados por los criterios del
mundo. El creyente debe estar alerta para no dejarse engañar, para disentir
todo cuanto es indigno de los hijos de Dios, o le lleva a alejarse de Él,
dándole la espalda. Para ser discípulos auténticos de Cristo necesitamos
responder fielmente a su llamada, escuchar su palabra, tener plena disponibilidad,
fidelidad y testimonio de vida. Cristo nos ha llamado por nuestro nombre para
que seamos sus seguidores. J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, enero 18 del año 2015
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SOY AMADO POR DIOS
Jesús desciende a las aguas del río Jordán para ser
bautizado por Juan. Esas aguas que son signo de lo caótico y del mal. Y Jesús
entra en ellas, se enfrenta a su turbulencia recogiendo así todo el pecado y la
miseria del mundo y de la condición humana. La misión de Jesús es quitar el
pecado que oprime al mundo.
También nosotros hemos sido bautizados como Jesús,
hemos sido ungidos por el Espíritu para anunciar la salvación, comunicando
esperanza y alegría. Pertenecemos a la familia de Dios y nos configuramos con
Cristo sacerdote, rey y profeta. Sin embargo, a veces nuestro bautismo es un
mero acto social y no nos distingue ni nos identifica como cristianos.
Ser
creyente no hace desaparecer de nuestra vida los conflictos, contradicciones y
sufrimientos propios de lo cotidiano. Pero dentro de la fe cristiana hay una
experiencia que da un sentido a todo, esto es: que Dios me ama tal como soy,
porque estoy habitado y sostenido por Él, que es amor insondable y gratuito.
Si no hacemos parte de esta experiencia, desconocemos la gratuidad y la
santidad que nos da la presencia del Espíritu Santo. El sentido, la esperanza,
la vida entera del creyente nace y se sostiene en la seguridad inquebrantable
de sentirnos amados. A cada uno hoy
también nos dice Dios:"Tú eres mi hijo amado".
¿Qué
recibimos en el bautismo? La luz que es Cristo, quien con su palabra, su
presencia y su ejemplo nos ilumina y nos invita a ser luz para los demás; el aceite con que hemos sido ungidos como
sacerdotes, reyes y profetas; la
vestidura blanca, es decir, la dignidad de hijos de Dios que debemos testificar
con nuestra palabra y ejemplo de vida. El bautismo no es una carga sino un
don inenarrable que Dios nos regala para nuestra alegría y nuestra plena
identificación como cristianos auténticos. J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, enero 11 del año 2015
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Juan el Profeta
¡TU ROSTRO BUSCARÉ SEÑOR!
El mensaje
de la Epifanía es la manifestación de Cristo luz y salvación de Dios para todas
las naciones. El Dios que sale al encuentro del ser humano y colma sus
aspiraciones. Éste es nuestro gran regalo de reyes.
Los magos representan la esperanza que todo ser
humano lleva en su corazón. Todos buscamos algo mejor. Los padres, el niño, el
adolescente, el adulto, el anciano, cada uno vive su secreta ilusión e íntima
esperanza. Todos esperamos que una estrella nos guíe.
Es importante que estemos siempre alerta y en
actitud de búsqueda para encontrar y reconocer a Dios. Y para esto es necesario
pasar por dificultades y renunciar a las comodidades. Esa fue la actitud de los
magos de Oriente. Por eso hay que repetir siempre: "Tu rostro buscaré, Señor, no me ocultes tu rostro".
Necesitamos tener la ilusión de los magos y dejarnos
iluminar por la luz de la estrella para vencer la desilusión y el desencanto,
trabajando por un mundo mejor, más hermoso y más fraternal, ofreciendo a Jesús y
a nuestros hermanos lo mejor de nosotros mismos.
Vivimos como en una aldea sin fronteras debido a la
facilidad de la comunicación. Pero, a pesar de todo, vivimos luchando por
defender intereses personales. Así es fácil olvidar el mensaje de Dios en la Epifanía,
que es anuncio de esperanza en un mundo donde reina la desilusión y el
desencanto.
No podemos vivir como Herodes defendiendo a capa y
espada nuestros privilegios, nuestra situación social o económica, tratando de
eliminar a quien con su presencia, así sea la de un recién nacido, anuncia y
trae un mundo nuevo, con mejores relaciones humanas. ¿Qué estrellas nos guían? ¿Qué ofrecemos a Jesús al encontrarlo? ¿Lo
adoramos o adoramos los ídolos de este mundo? J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, enero 4 del año 2015
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Señor Hijo de David
Lucas 2, 16-21
Fueron de prisa y
encontraron a María y a José, y al niño acostado en el establo. Cuando lo vieron, se pusieron a contar lo que
el ángel les había dicho acerca del niño, y todos los que lo oyeron se admiraban de lo
que decían los pastores. María guardaba
todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente. Los pastores, por su parte, regresaron dando
gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió
como se les había dicho. A los ocho días
circuncidaron al niño, y le pusieron por nombre Jesús, el mismo nombre que el
ángel le había dicho a María antes que ella estuviera encinta.
LA PAZ, DON Y TAREA DE TODOS
La paz no es ausencia de guerra, ni equilibrio de
fuerzas adversarias, ni situación de calma impuesta. La paz es shalom, armonía con Dios, con los hermanos, con la creación y
con nosotros mismos.
Pero la
paz es una tarea de todos. Es una de las aspiraciones más profundas del ser
humano; es consecuencia del respeto a la dignidad personal, es cultura
solidaria. La paz no es algo ya hecho sino algo que hay que construir. Está
siempre amenazada por el pecado personal y social, por el orgullo y el egoísmo
y el deseo de venganza. Si tenemos un corazón violento, o somos iracundos, no
podremos transmitir paz a nuestro alrededor.
La Iglesia
hace coincidir el día del Año nuevo con la celebración del "Día mundial de
la paz", porque el nacimiento de Jesús es la inauguración de una nueva
era, de un tiempo nuevo en el que las lanzas y las espadas se convertirán en
instrumentos de trabajo y progreso.
A veces tenemos armado nuestro corazón y está a la
defensiva por la soberbia, la agresividad y el ansia de dominio. Y mientras no
nos desarmemos no podemos desearnos paz y felicidad. Y si no estamos en paz con
Dios, con nuestra conciencia, con los familiares y amigos, es inútil desearnos
paz y celebrar el año nuevo.
Hoy es una
oportunidad propicia para construir paz. Por medio de María llega a nuestro
mundo atormentado la aurora de la paz. Ella nos trae al Príncipe de la Paz para
darnos una serenidad sin límite que comienza desde la paz de nuestro corazón.
Dios ha
otorgado a María el poder de vencer, humillar y desenmascarar al autor de la
violencia que es el padre de la mentira, el enemigo de Dios y del género
humano. El maligno es quien suscita odios, guerras,
violencia, y puede estar también dentro de nosotros. J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, enero 1 del año 2015
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Paz
Lucas 1, 26-38
A los seis meses, Dios mandó
al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, donde vivía una joven llamada María; era
virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José,
descendiente del rey David. El ángel
entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: ¡Salve, llena de gracia! El
Señor está contigo. María se sorprendió
de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: María, no tengas miedo, pues
tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a
quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del
Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David, para que reine por siempre sobre el pueblo de
Jacob. Su reinado no tendrá fin. María
preguntó al ángel: ¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá
sobre ti, y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti. Por eso, el niño que
va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel va a tener un hijo,
a pesar de que es anciana; la que decían que no podía tener hijos, está encinta
desde hace seis meses. Para Dios no hay
nada imposible. Entonces María dijo: Yo
soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho. Con esto, el
ángel se fue.
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EL "SÍ" DE MARÍA
El
"sí" de María es una opción radical. Su respuesta al ángel es un
compromiso que involucra todo su ser y al que se mantendrá fiel por toda la
vida. Ella aceptó el plan de salvación sin reservas y su decisión de hacer la
voluntad de Dios fue irrevocable.
María,
criatura humana pero totalmente libre de pecado, no cederá a la tentación del
mal o del abandono. Por
eso puede el Espíritu engendrar en ella, la mujer nueva, al hombre nuevo que es
Cristo. El "sí" de María nos revela el rostro de Dios que valora
al ser humano y lo invita a la amistad y a la solidaridad.
María nos enseña a evitar el verbalismo y el
activismo que no están al servicio de Dios y del hombre. La relación entre los
hombres empieza a ser realmente humana cuando, con la fuerza que viene de lo
alto, se vence las potencias del mal que se oponen a la libertad, a la vida, al
amor y a la dignidad del ser humano.
Dios aborrece la injusticia y defiende a los marginados,
trastocando el orden establecido por la opresión del desamor, del egoísmo y de
la explotación, según lo expresó María en el hermoso canto del Magnificat.
EL
"sí" de María es una invitación a que realicemos también, y de por
vida, la opción por Cristo en orden a construir un mundo más humano.
Siempre tenemos que hacer opciones fundamentales como el matrimonio, el
sacerdocio, una profesión... que se presentan como una oportunidad para dar
nuestro sí según lo manda Dios con convicción, fidelidad y responsabilidad.
La tentación de abandonar los deberes está hoy a la
orden del día. El sí se cambia en no con mucha facilidad y hay quien sostiene
la imposibilidad de un compromiso o un amor de por vida. La respuesta de María
debe ser nuestra ley vital. Hagamos siempre la voluntad de Dios y aprendamos de
ella su servicialidad, disponibilidad y perseverancia. J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, diciembre 21 del año 2014
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María
Lucas 1, 26-38
A los seis meses, Dios mandó
al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, donde vivía una joven llamada María; era
virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José,
descendiente del rey David. El ángel
entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: ¡Salve, llena de gracia! El
Señor está contigo. María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué
significaría aquel saludo. El ángel le
dijo: María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y
le pondrás por nombre Jesús. Será un
gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará
Rey, como a su antepasado David, para
que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin. María
preguntó al ángel: ¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre? El
ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios
altísimo se posará sobre ti. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo
e Hijo de Dios. También tu parienta
Isabel va a tener un hijo, a pesar de que es anciana; la que decían que no
podía tener hijos, está encinta desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible. Entonces
María dijo: Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho. Con
esto, el ángel se fue.
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María Inmaculada
MARÍA, LA LLENA DE GRACIAY BELLEZA
En atención a la maternidad divina de María, a su
función corredentora y a su condición de signo de la humanidad nueva, el 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX
definía con la bula lneffabilis Deus el dogma de la Inmaculada Concepción,
donde proclama que María fue preservada
inmune de toda mancha de culpa original desde el instante mismo de su
concepción.
Era necesario que ella, destinada a ser la Madre
del Hijo de Dios, fuera preservada de toda mancha de pecado y así respondiera
adecuadamente al proyecto salvífico de Dios. El Padre eligió a María "antes de la creación del mundo para que
fuera santa e inmaculada".
Alégrate, el Señor está contigo, es el saludo del
ángel a María. Este saludo no provoca temor en María, sino turbación por la
magnitud de su contenido. La presencia de Dios es siempre portadora de alegría
y de paz; de ahí la invitación del ángel: "No temas".
A la
pregunta de María: "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?", el ángel
le responde: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la sombra del Altísimo
te cubrirá con su sombra".
Mediante un nuevo acto creador de Dios se anuncia
el nacimiento del nuevo Adán (Jesús) y el comienzo de una humanidad nueva
gracias a María. Ella da su
consentimiento, diciendo:"Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí
lo que has dicho", expresando así su disponibilidad al proyecto de
Dios.
Al contemplar a María Inmaculada apreciamos la
belleza sin par de la creatura sin pecado: "Toda hermosa eres María".
Y con ella experimentamos la invitación de Dios para que, aunque heridos por la
culpa original, luchemos contra el pecado. Tenemos necesidad de Dios y de su
gracia para ser realmente felices. En
medio de las tempestades que nos agobian, ella nunca abandona a los que la
invocan y son sus devotos. J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, diciembre 8 del año 2014
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María,
María Inmaculada
EL AMOR: MATERIA DEL EXAMEN FINAL
La escena del evangelio nos presenta un juicio
público y universal. Ante el Juez, el Hijo del hombre, aparecen en dos grupos
todas las naciones cuyo comportamiento ha sido diverso. La sentencia se
pronuncia en forma de bendición o maldición y significa heredar el Reino o ser
excluidos de él.
El examen final será sobre el amor o la indiferencia
realizados con la persona necesitada. Lo que hacemos o dejamos de hacer a los
pobres, a los pequeños, a los hambrientos, enfermos, encarcelados, es lo que
cuenta y tiene validez a los ojos y el juicio de Dios. Hay que saber descubrir
el rostro de Dios en cada uno de ellos. De nada serviría que hiciéramos obras
de caridad y, por otro lado, actuar de forma injustos con los pobres o dar mal
ejemplo a los pequeños (débiles de fe).
También las estructuras sociales, las relaciones
entre las naciones, etc., tienen que ver con el Reino y con el proyecto de
Dios, y serán sometidas al juicio divino. Los pobres tienen mucho que decir
sobre la indiferencia, la frivolidad y la crueldad de quienes acumulan los
bienes y niegan su acceso a los necesitados.
Si hemos puesto nuestra vida al servicio de los
pobres y adoloridos del alma o del cuerpo, para que encuentren alivio y
consuelo; si nos hemos esforzado por ver a Dios en ellos ayudándoles a llevar
la cruz de sus sufrimientos, en el día del juicio escucharemos las consoladoras
palabras de Jesús:"Vengan, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me
dieron de comer...”
No se trata de practicar de vez en cuando alguna
obra de misericordia que tranquilice nuestra conciencia, sino de una actitud de
fe y amor que perdure. Cada domingo debemos repetir conscientemente, en nuestra
profesión de fe: "Creemos que el Señor vendrá de nuevo con gloria para
juzgar a vivos y muertos y su Reino no tendrá fin". B.C.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, noviembre 23 del año 2014
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Hijo del hombre,
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¿QUE HAY AL FINAL DE LA VIDA?
La muerte
es una realidad que experimentamos con frecuencia. Su anuncio en la enfermedad,
en la vejez, en los accidentes y en todo lo que es negación de la vida,
constituye el más punzante problema del hombre y el mayor de los absurdos.
Anhelamos una vida sin límite como máxima aspiración humana y nos sentimos
profundamente frustrados cuando no obtenemos una explicación satisfactoria. ¿Es
la muerte un final o un comienzo? ¿Nos espera otra vida o la nada? Y ante ella,
¿sentimos miedo, indiferencia, rebeldía, náusea o la esperamos con la serena
esperanza de la inmortalidad?
Cristo
resucitado es la única respuesta segura al interrogante de la muerte.
Él es la razón última de nuestro vivir, morir y esperar. Así como Él se hizo
igual en todo a nosotros y pasó por el trance de la muerte para alcanzar la
vida eterna, el discípulo tiene que recorrer el mismo itinerario. Nosotros,
estar incorporados a Él en su muerte y resurrección, participamos también por
herencia de la vida futura. Si nuestra esperanza en Cristo acabara con la vida
presente seríamos los seres más desgraciados, dice san Pablo.
Este día no debe estar impregnado por la tristeza o
la melancolía, sino por un recuerdo esperanzador. La fe nos da la certeza de la
comunión con nuestros seres queridos y la esperanza de que poseen ya la vida
verdadera.
Jesús dijo:”Yo
soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá y
no morirá para siempre”. La vida no termina, se transforma. Gracias a
Cristo resucitado no somos seres para la muerte sino para la vida. Dios no es un Dios de muertos sino de
vivos, afirmó Jesús. Hoy proclamamos con mucha fe y esperanza: "Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro". J.M.
Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, noviembre 2 del año 2014
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Mateo 21, 33-43
Escuchen otra parábola: El
dueño de una finca plantó un viñedo y le puso un cerco; preparó un lugar donde
hacer el vino y levantó una torre para vigilarlo todo. Luego alquiló el terreno
a unos labradores y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de la cosecha,
mandó unos criados a pedir a los labradores la parte que le correspondía. Pero
los labradores echaron mano a los criados: golpearon a uno, mataron a otro y
apedrearon a otro. El dueño volvió a mandar más criados que al principio; pero
los labradores los trataron a todos de la misma manera. Por fin mandó a su
propio hijo, pensando: “Sin duda, respetarán a mi hijo.” Pero cuando vieron al
hijo, los labradores se dijeron unos a otros: “Éste es el que ha de recibir la
herencia; matémoslo y nos quedaremos con su propiedad.” Así que lo agarraron,
lo sacaron del viñedo y lo mataron. Y ahora, cuando venga el dueño del viñedo,
¿qué creen ustedes que hará con esos labradores? Le contestaron: Matará sin
compasión a esos malvados, y alquilará el viñedo a otros labradores que le
entreguen a su debido tiempo la parte de la cosecha que le corresponde. Jesús
entonces les dijo: ¿Nunca han leído ustedes las Escrituras? Dicen: “La piedra
que los constructores despreciaron se ha convertido en la piedra principal. Esto
lo hizo el Señor, y estamos maravillados.” Por eso les digo que a ustedes se
les quitará el reino, y que se le dará a un pueblo que produzca la debida
cosecha.
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