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Juan 6, 1-15

Después de esto, Jesús se fue al otro lado del Lago de Galilea, que es el mismo Lago de Tiberias.  Mucha gente lo seguía, porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos.  Entonces Jesús subió a un monte, y se sentó con sus discípulos.  Ya estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.  Cuando Jesús miró y vio la mucha gente que lo seguía, le dijo a Felipe: ¿Dónde vamos a comprar pan para toda esta gente?  Pero lo dijo por ver qué contestaría Felipe, porque Jesús mismo sabía bien lo que había de hacer.  Felipe le respondió: Ni siquiera el salario de doscientos días bastaría para comprar el pan suficiente para que cada uno recibiera un poco.  Entonces Andrés, que era otro de sus discípulos y hermano de Simón Pedro, le dijo:  Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es esto para tanta gente?  Jesús respondió: Díganles a todos que se sienten. Había mucha hierba en aquel lugar, y se sentaron. Eran unos cinco mil hombres.  Jesús tomó en sus manos los panes y, después de dar gracias a Dios, los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los pescados, dándoles todo lo que querían.  Cuando ya estuvieron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicie nada.  Ellos los recogieron, y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.  La gente, al ver esta señal milagrosa hecha por Jesús, decía: De veras éste es el profeta que había de venir al mundo. Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro, para estar solo.

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Marcos 6, 30-34

Después de esto, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.  Jesús les dijo: Vengan, vamos nosotros solos a descansar un poco en un lugar tranquilo. Porque iba y venía tanta gente, que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer.  Así que Jesús y sus apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado.  Pero muchos los vieron ir, y los reconocieron; entonces de todos los pueblos corrieron allá, y llegaron antes que ellos.  Al bajar Jesús de la barca, vio la multitud, y sintió compasión de ellos, porque estaban como ovejas que no tienen pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.

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VENGAN A DESCANSAR UN POCO

Jesús, el Maestro y amigo de los discípulos necesita preguntar, conocer, hacer un balance y alegrarse por lo realizado, por eso los invita a descansar un poco en un lugar tranquilo.
Esta escena tan humana recoge lo que fue un rasgo habitual de Jesús y su grupo, esto es, el cultivo de la amistad y su preocupación por preparar bien a sus discípulos.
Por eso reservó para ellos una buena parte de su tiempo.
Además Jesús está preocupado por tanta gente que anda como ovejas sin pastor, y a pesar de que no le quedaba tiempo ni para comer, se puso a enseñarles con calma.
Una de las cosas que más necesitamos hoy es la fuerza atractiva y el testimonio de auténticos líderes. Hay muchas ovejas que van desorientadas, como ovejas sin pastor, y los líderes escasean. Y muchos que pretendían ser amigos u orientadores han defraudado debido a que tenían otros intereses.
Como cualquier persona, Jesús necesitó momentos y espacios para descansar, reflexionar y mantener su paz interior. Todos necesitamos hacer una pausa en nuestra vida y recargar nuestras energías en un mundo lleno de tensiones y de febril actividad.
Necesitamos encontrarnos con Jesús, con nosotros mismos, con nuestro grupo y redescubrir las raíces que dan sentido a nuestra vida. Por eso el descanso verdadero no es tiempo muerto, placer vacío ni repliegue egoísta, o sólo para pasarla bien. El descanso verdadero es actividad que nos renueva, que nos fortifica para afrontar la vida con entusiasmo y amor. El discípulo de Jesús está embarcado en una misión de trabajo y reflexión, de acción y contemplación, dos actividades que animan, instruyen y alimentan el cuerpo y el espíritu. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, julio 19 del año 2015

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Marcos 6, 7-13

Llamó a los doce discípulos, y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus impuros.  Les ordenó que no llevaran nada para el camino, sino solamente un bastón. No debían llevar pan ni provisiones ni dinero.  Podían ponerse sandalias, pero no llevar ropa de repuesto.  Les dijo: Cuando entren ustedes en una casa, quédense allí hasta que se vayan del lugar.  Y si en algún lugar no los reciben ni los quieren oír, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, para que les sirva a ellos de advertencia.  Entonces salieron los discípulos a decirle a la gente que se volviera a Dios.  También expulsaron muchos demonios, y curaron a muchos enfermos ungiéndolos con aceite.

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LOS APEGOS QUE NOS ESCLAVIZAN

El desprendimiento de las cosas materiales, la austeridad y el amor son condición indispensable para la misión: ni pan, ni alforja, ni dinero, ni dos túnicas, nada para el camino, excepto un bastón y sandalias. Pero eso sí, con poder para expulsar espíritus malignos. El enviado, debe ser capaz de prescindir de todo, incluso del dinero, pues éste puede esclavizarlo. Debe tener su corazón y su confianza puestos sólo en Dios, y en la comunidad donde se siente acogido. Se trata de un desprendimiento que confiere libertad y genera credibilidad. Para ser libres es una ventaja "ir ligeros de equipaje".
Jesús los envía de dos en dos, de modo que tenga validez jurídica su testimonio y se puedan también ayudar mutuamente. La misión cristiana tiene como objetivo luchar contra las fuerzas del mal, generar conversión y cambio de vida, sanación integral y salvación.
El enviado no debe desmotivarse si encuentra actitudes de rechazo o indiferencia. Debe romper con cuantos no reciban el mensaje y procurar buscar lugares donde haya enfermos que sanar y gente para evangelizar.
El apego a las cosas materiales y especialmente al dinero puede minar la vocación y producir esclavitud y distracción. El desprendimiento radical, el uso de los medios de comunicación y el amor a la misión, son factores indispensables para evangelizar en esta sociedad de opulencia y despilfarro.
Así podremos ser enviados auténticos y eficaces de Jesús; alejaremos de nosotros el maligno, curaremos enfermos del alma y del cuerpo. Recordemos que somos los continuadores de la presencia de Cristo en el mundo. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, julio 12 del año 2015

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Mateo 28, 16-20

Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea, al cerro que Jesús les había indicado.  Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban.  Jesús se acercó a ellos y les dijo: Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.  Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,  y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.

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Juan 2, 13-25

Como ya se acercaba la fiesta de la Pascua de los judíos, Jesús fue a Jerusalén.  Y encontró en el templo a los vendedores de novillos, ovejas y palomas, y a los que estaban sentados en los puestos donde se le cambiaba el dinero a la gente.  Al verlo, Jesús tomó unas cuerdas, se hizo un látigo y los echó a todos del templo, junto con sus ovejas y sus novillos. A los que cambiaban dinero les arrojó las monedas al suelo y les volcó las mesas.  A los vendedores de palomas les dijo: ¡Saquen esto de aquí! ¡No hagan un mercado de la casa de mi Padre!  Entonces sus discípulos se acordaron de la Escritura que dice: «Me consumirá el celo por tu casa.»  Los judíos le preguntaron: ¿Qué prueba nos das de tu autoridad para hacer esto?  Jesús les contestó: Destruyan este templo, y en tres días volveré a levantarlo.  Los judíos le dijeron: Cuarenta y seis años se ha trabajado en la construcción de este templo, ¿y tú en tres días lo vas a levantar?  Pero el templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo.  Por eso, cuando resucitó, sus discípulos se acordaron de esto que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús.  Mientras Jesús estaba en Jerusalén, en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía.  Pero Jesús no confiaba en ellos, porque los conocía a todos.  No necesitaba que nadie le dijera nada acerca de la gente, pues él mismo conocía el corazón del hombre.

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NUEVO TEMPLO PARA UN CULTO NUEVO

Nos asombra el hecho de que Jesús levantara su mano contra los mercaderes que estaban negociando en el templo y que los echara de allí a latigazos. Pero esta acción, por dura que parezca, no tiene más que un fin: llamar a la conciencia de que no se puede convertir el templo (material y espiritual) en un mercado, donde se negocia con la vida y la dignidad de las personas.
En la purificación del templo Jesús aparece como innovador y se pronuncia por una religión pura, limpia y quiere un culto vivo nacido de la fe y del corazón. La asamblea litúrgica es la auténtica Iglesia de Dios, su santuario espiritual. Y cada bautizado en el Espíritu de Jesús, es el mismo templo de Dios. San Pablo dijo:"¿No saben que ustedes son templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?"(1Co 3, 16).
Toda persona es templo de Dios ya que está hecha a su imagen y semejanza. Por eso, destruir (profanar) un templo vivo es el mayor sacrilegio. Sin embargo, sabemos de niños que mueren antes de nacer, de mujeres violadas, de cuerpos mutilados, etc., todo esto es un atentado contra la máxima creación de Dios.
El culto a Dios sin defensa de la dignidad de las personas no es un verdadero culto. Templo, altar, ofrendas y ritos tienen un valor cultual, pero para que haya un culto verdadero a Dios cuenta la primacía del espíritu, del corazón y de la fe de los creyentes que alaban a Dios en unión con Cristo.
Debemos ser piedras vivas y dinámicas del templo. Y hay que trasladar la vida al culto y el culto a nuestra existencia personal, laboral, familiar. Hay que respetar el templo donde Cristo se nos da en alimento, a través de la comunión y de su Palabra. Así podremos adorarlo, darle gracias, bendecirlo y darle culto como Él quiere, con una religión auténtica en espíritu y en verdad. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, marzo 8 del año 2015

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FUERON A SU CASA Y SE QUEDARON CON ÉL

Juan Bautista, señalando a Jesús, dice: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo", e invita a la gente a seguirlo. Los discípulos descubren, creen, son tocados por la experiencia personal con Jesús. De hecho, fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. La mirada penetrante y amable de Jesús, sus palabras, el compartir y observar el ambiente de su casa, dejó en ellos una huella profunda.
Todos tenernos en nuestra vida —un día cualquiera a las "cuatro de la tarde"— un momento fuerte de encuentro con quien nos llena de entusiasmo, de esperanza y nos anima.
La pregunta de Jesús: "¿A quién buscan?" toca lo más profundo de nuestro ser. Y Jesús no se esconde ante quien lo busca honradamente. Se vuelve, invita y dice: "Sígueme". Dialoga, explica y facilita el encuentro.
En un mundo en que prima lo físico, lo corpóreo, lo material, nuestro testimonio de cristianos es indispensable y urgente. Alguien dijo que al mundo y al hombre actuales se le está agrandando él cuerpo y empequeñeciendo el espíritu. Por eso el papa Pablo VI decía: "El mundo actual necesita urgentemente un suplemento de alma”.
Hay un alarmante desajuste de criterios que se deduce de la influencia de los medios de comunicación. Los valores del espíritu se disuelven, se relativizan, cuando son remplazados por los criterios del mundo. El creyente debe estar alerta para no dejarse engañar, para disentir todo cuanto es indigno de los hijos de Dios, o le lleva a alejarse de Él, dándole la espalda. Para ser discípulos auténticos de Cristo necesitamos responder fielmente a su llamada, escuchar su palabra, tener plena disponibilidad, fidelidad y testimonio de vida. Cristo nos ha llamado por nuestro nombre para que seamos sus seguidores. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, enero 18 del año 2015

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SOY AMADO POR DIOS

Jesús  desciende a las aguas del río Jordán para ser bautizado por Juan. Esas aguas que son signo de lo caótico y del mal. Y Jesús entra en ellas, se enfrenta a su turbulencia recogiendo así todo el pecado y la miseria del mundo y de la condición humana. La misión de Jesús es quitar el pecado que oprime al mundo.
También nosotros hemos sido bautizados como Jesús, hemos sido ungidos por el Espíritu para anunciar la salvación, comunicando esperanza y alegría. Pertenecemos a la familia de Dios y nos configuramos con Cristo sacerdote, rey y profeta. Sin embargo, a veces nuestro bautismo es un mero acto social y no nos distingue ni nos identifica como cristianos.
Ser creyente no hace desaparecer de nuestra vida los conflictos, contradicciones y sufrimientos propios de lo cotidiano. Pero dentro de la fe cristiana hay una experiencia que da un sentido a todo, esto es: que Dios me ama tal como soy, porque estoy habitado y sostenido por Él, que es amor insondable y gratuito. Si no hacemos parte de esta experiencia, desconocemos la gratuidad y la santidad que nos da la presencia del Espíritu Santo. El sentido, la esperanza, la vida entera del creyente nace y se sostiene en la seguridad inquebrantable de sentirnos amados. A cada uno hoy también nos dice Dios:"Tú eres mi hijo amado".
¿Qué recibimos en el bautismo? La luz que es Cristo, quien con su palabra, su presencia y su ejemplo nos ilumina y nos invita a ser luz para los demás; el aceite con que hemos sido ungidos como sacerdotes, reyes y profetas; la vestidura blanca, es decir, la dignidad de hijos de Dios que debemos testificar con nuestra palabra y ejemplo de vida. El bautismo no es una carga sino un don inenarrable que Dios nos regala para nuestra alegría y nuestra plena identificación como cristianos auténticos. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, enero 11 del año 2015

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¡TU ROSTRO BUSCARÉ SEÑOR!

El mensaje de la Epifanía es la manifestación de Cristo luz y salvación de Dios para todas las naciones. El Dios que sale al encuentro del ser humano y colma sus aspiraciones. Éste es nuestro gran regalo de reyes.
Los magos representan la esperanza que todo ser humano lleva en su corazón. Todos buscamos algo mejor. Los padres, el niño, el adolescente, el adulto, el anciano, cada uno vive su secreta ilusión e íntima esperanza. Todos esperamos que una estrella nos guíe.
Es importante que estemos siempre alerta y en actitud de búsqueda para encontrar y reconocer a Dios. Y para esto es necesario pasar por dificultades y renunciar a las comodidades. Esa fue la actitud de los magos de Oriente. Por eso hay que repetir siempre: "Tu rostro buscaré, Señor, no me ocultes tu rostro".
Necesitamos tener la ilusión de los magos y dejarnos iluminar por la luz de la estrella para vencer la desilusión y el desencanto, trabajando por un mundo mejor, más hermoso y más fraternal, ofreciendo a Jesús y a nuestros hermanos lo mejor de nosotros mismos.
Vivimos como en una aldea sin fronteras debido a la facilidad de la comunicación. Pero, a pesar de todo, vivimos luchando por defender intereses personales. Así es fácil olvidar el mensaje de Dios en la Epifanía, que es anuncio de esperanza en un mundo donde reina la desilusión y el desencanto.
No podemos vivir como Herodes defendiendo a capa y espada nuestros privilegios, nuestra situación social o económica, tratando de eliminar a quien con su presencia, así sea la de un recién nacido, anuncia y trae un mundo nuevo, con mejores relaciones humanas. ¿Qué estrellas nos guían? ¿Qué ofrecemos a Jesús al encontrarlo? ¿Lo adoramos o adoramos los ídolos de este mundo? J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, enero 4 del año 2015

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Lucas 2, 16-21

Fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el establo.  Cuando lo vieron, se pusieron a contar lo que el ángel les había dicho acerca del niño,  y todos los que lo oyeron se admiraban de lo que decían los pastores.  María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente.  Los pastores, por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho.  A los ocho días circuncidaron al niño, y le pusieron por nombre Jesús, el mismo nombre que el ángel le había dicho a María antes que ella estuviera encinta.

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LA PAZ, DON Y TAREA DE TODOS

La paz no es ausencia de guerra, ni equilibrio de fuerzas adversarias, ni situación de calma impuesta. La paz es shalom, armonía con Dios, con los hermanos, con la creación y con nosotros mismos.
Pero la paz es una tarea de todos. Es una de las aspiraciones más profundas del ser humano; es consecuencia del respeto a la dignidad personal, es cultura solidaria. La paz no es algo ya hecho sino algo que hay que construir. Está siempre amenazada por el pecado personal y social, por el orgullo y el egoísmo y el deseo de venganza. Si tenemos un corazón violento, o somos iracundos, no podremos transmitir paz a nuestro alrededor.
La Iglesia hace coincidir el día del Año nuevo con la celebración del "Día mundial de la paz", porque el nacimiento de Jesús es la inauguración de una nueva era, de un tiempo nuevo en el que las lanzas y las espadas se convertirán en instrumentos de trabajo y progreso.
A veces tenemos armado nuestro corazón y está a la defensiva por la soberbia, la agresividad y el ansia de dominio. Y mientras no nos desarmemos no podemos desearnos paz y felicidad. Y si no estamos en paz con Dios, con nuestra conciencia, con los familiares y amigos, es inútil desearnos paz y celebrar el año nuevo.
Hoy es una oportunidad propicia para construir paz. Por medio de María llega a nuestro mundo atormentado la aurora de la paz. Ella nos trae al Príncipe de la Paz para darnos una serenidad sin límite que comienza desde la paz de nuestro corazón.
Dios ha otorgado a María el poder de vencer, humillar y desenmascarar al autor de la violencia que es el padre de la mentira, el enemigo de Dios y del género humano. El maligno es quien suscita odios, guerras, violencia, y puede estar también dentro de nosotros. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, enero 1 del año 2015

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Lucas 1, 26-38

A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret,  donde vivía una joven llamada María; era virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David.  El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: ¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo.  María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo.  El ángel le dijo: María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios.  Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.  Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David,  para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin.  María preguntó al ángel: ¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?  El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios.  También tu parienta Isabel va a tener un hijo, a pesar de que es anciana; la que decían que no podía tener hijos, está encinta desde hace seis meses.  Para Dios no hay nada imposible.  Entonces María dijo: Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel se fue.

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EL "SÍ" DE MARÍA

El "sí" de María es una opción radical. Su respuesta al ángel es un compromiso que involucra todo su ser y al que se mantendrá fiel por toda la vida. Ella aceptó el plan de salvación sin reservas y su decisión de hacer la voluntad de Dios fue irrevocable.
María, criatura humana pero totalmente libre de pecado, no cederá a la tentación del mal o del abandono. Por eso puede el Espíritu engendrar en ella, la mujer nueva, al hombre nuevo que es Cristo. El "sí" de María nos revela el rostro de Dios que valora al ser humano y lo invita a la amistad y a la solidaridad.
María nos enseña a evitar el verbalismo y el activismo que no están al servicio de Dios y del hombre. La relación entre los hombres empieza a ser realmente humana cuando, con la fuerza que viene de lo alto, se vence las potencias del mal que se oponen a la libertad, a la vida, al amor y a la dignidad del ser humano.
Dios aborrece la injusticia y defiende a los marginados, trastocando el orden establecido por la opresión del desamor, del egoísmo y de la explotación, según lo expresó María en el hermoso canto del Magnificat.
EL "sí" de María es una invitación a que realicemos también, y de por vida, la opción por Cristo en orden a construir un mundo más humano. Siempre tenemos que hacer opciones fundamentales como el matrimonio, el sacerdocio, una profesión... que se presentan como una oportunidad para dar nuestro sí según lo manda Dios con convicción, fidelidad y responsabilidad.
La tentación de abandonar los deberes está hoy a la orden del día. El sí se cambia en no con mucha facilidad y hay quien sostiene la imposibilidad de un compromiso o un amor de por vida. La respuesta de María debe ser nuestra ley vital. Hagamos siempre la voluntad de Dios y aprendamos de ella su servicialidad, disponibilidad y perseverancia. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, diciembre 21 del año 2014

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Lucas 1, 26-38

A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret,  donde vivía una joven llamada María; era virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David.  El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: ¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo. María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo.  El ángel le dijo: María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios.  Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.  Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David,  para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin. María preguntó al ángel: ¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios.  También tu parienta Isabel va a tener un hijo, a pesar de que es anciana; la que decían que no podía tener hijos, está encinta desde hace seis meses.  Para Dios no hay nada imposible. Entonces María dijo: Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel se fue.

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MARÍA, LA LLENA DE GRACIAY BELLEZA

En atención a la maternidad divina de María, a su función corredentora y a su condición de signo de la humanidad nueva, el 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX definía con la bula lneffabilis Deus el dogma de la Inmaculada Concepción, donde proclama que María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el instante mismo de su concepción.
Era necesario que ella, destinada a ser la Madre del Hijo de Dios, fuera preservada de toda mancha de pecado y así respondiera adecuadamente al proyecto salvífico de Dios. El Padre eligió a María "antes de la creación del mundo para que fuera santa e inmaculada".
Alégrate, el Señor está contigo, es el saludo del ángel a María. Este saludo no provoca temor en María, sino turbación por la magnitud de su contenido. La presencia de Dios es siempre portadora de alegría y de paz; de ahí la invitación del ángel: "No temas".
A la pregunta de María: "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?", el ángel le responde: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la sombra del Altísimo te cubrirá con su sombra".
Mediante un nuevo acto creador de Dios se anuncia el nacimiento del nuevo Adán (Jesús) y el comienzo de una humanidad nueva gracias a María. Ella da su consentimiento, diciendo:"Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho", expresando así su disponibilidad al proyecto de Dios.
Al contemplar a María Inmaculada apreciamos la belleza sin par de la creatura sin pecado: "Toda hermosa eres María". Y con ella experimentamos la invitación de Dios para que, aunque heridos por la culpa original, luchemos contra el pecado. Tenemos necesidad de Dios y de su gracia para ser realmente felices. En medio de las tempestades que nos agobian, ella nunca abandona a los que la invocan y son sus devotos. J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, diciembre 8 del año 2014

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EL AMOR: MATERIA DEL EXAMEN FINAL

La escena del evangelio nos presenta un juicio público y universal. Ante el Juez, el Hijo del hombre, aparecen en dos grupos todas las naciones cuyo comportamiento ha sido diverso. La sentencia se pronuncia en forma de bendición o maldición y significa heredar el Reino o ser excluidos de él.
El examen final será sobre el amor o la indiferencia realizados con la persona necesitada. Lo que hacemos o dejamos de hacer a los pobres, a los pequeños, a los hambrientos, enfermos, encarcelados, es lo que cuenta y tiene validez a los ojos y el juicio de Dios. Hay que saber descubrir el rostro de Dios en cada uno de ellos. De nada serviría que hiciéramos obras de caridad y, por otro lado, actuar de forma injustos con los pobres o dar mal ejemplo a los pequeños (débiles de fe).
También las estructuras sociales, las relaciones entre las naciones, etc., tienen que ver con el Reino y con el proyecto de Dios, y serán sometidas al juicio divino. Los pobres tienen mucho que decir sobre la indiferencia, la frivolidad y la crueldad de quienes acumulan los bienes y niegan su acceso a los necesitados.
Si hemos puesto nuestra vida al servicio de los pobres y adoloridos del alma o del cuerpo, para que encuentren alivio y consuelo; si nos hemos esforzado por ver a Dios en ellos ayudándoles a llevar la cruz de sus sufrimientos, en el día del juicio escucharemos las consoladoras palabras de Jesús:"Vengan, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me dieron de comer...”
No se trata de practicar de vez en cuando alguna obra de misericordia que tranquilice nuestra conciencia, sino de una actitud de fe y amor que perdure. Cada domingo debemos repetir conscientemente, en nuestra profesión de fe: "Creemos que el Señor vendrá de nuevo con gloria para juzgar a vivos y muertos y su Reino no tendrá fin". B.C.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, noviembre 23 del año 2014

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¿QUE HAY AL FINAL DE LA VIDA?

La muerte es una realidad que experimentamos con frecuencia. Su anuncio en la enfermedad, en la vejez, en los accidentes y en todo lo que es negación de la vida, constituye el más punzante problema del hombre y el mayor de los absurdos. Anhelamos una vida sin límite como máxima aspiración humana y nos sentimos profundamente frustrados cuando no obtenemos una explicación satisfactoria. ¿Es la muerte un final o un comienzo? ¿Nos espera otra vida o la nada? Y ante ella, ¿sentimos miedo, indiferencia, rebeldía, náusea o la esperamos con la serena esperanza de la inmortalidad?
Cristo resucitado es la única respuesta segura al interrogante de la muerte. Él es la razón última de nuestro vivir, morir y esperar. Así como Él se hizo igual en todo a nosotros y pasó por el trance de la muerte para alcanzar la vida eterna, el discípulo tiene que recorrer el mismo itinerario. Nosotros, estar incorporados a Él en su muerte y resurrección, participamos también por herencia de la vida futura. Si nuestra esperanza en Cristo acabara con la vida presente seríamos los seres más desgraciados, dice san Pablo.
Este día no debe estar impregnado por la tristeza o la melancolía, sino por un recuerdo esperanzador. La fe nos da la certeza de la comunión con nuestros seres queridos y la esperanza de que poseen ya la vida verdadera.
Jesús dijo:”Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá y no morirá para siempre”. La vida no termina, se transforma. Gracias a Cristo resucitado no somos seres para la muerte sino para la vida. Dios no es un Dios de muertos sino de vivos, afirmó Jesús. Hoy proclamamos con mucha fe y esperanza: "Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro". J.M.

Tomado de: SEMANARIO LITÚRGICO CATEQUÉTICO, noviembre 2 del año 2014

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Mateo 21, 33-43

Escuchen otra parábola: El dueño de una finca plantó un viñedo y le puso un cerco; preparó un lugar donde hacer el vino y levantó una torre para vigilarlo todo. Luego alquiló el terreno a unos labradores y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó unos criados a pedir a los labradores la parte que le correspondía. Pero los labradores echaron mano a los criados: golpearon a uno, mataron a otro y apedrearon a otro. El dueño volvió a mandar más criados que al principio; pero los labradores los trataron a todos de la misma manera. Por fin mandó a su propio hijo, pensando: “Sin duda, respetarán a mi hijo.” Pero cuando vieron al hijo, los labradores se dijeron unos a otros: “Éste es el que ha de recibir la herencia; matémoslo y nos quedaremos con su propiedad.” Así que lo agarraron, lo sacaron del viñedo y lo mataron. Y ahora, cuando venga el dueño del viñedo, ¿qué creen ustedes que hará con esos labradores? Le contestaron: Matará sin compasión a esos malvados, y alquilará el viñedo a otros labradores que le entreguen a su debido tiempo la parte de la cosecha que le corresponde. Jesús entonces les dijo: ¿Nunca han leído ustedes las Escrituras? Dicen: “La piedra que los constructores despreciaron se ha convertido en la piedra principal. Esto lo hizo el Señor, y estamos maravillados.” Por eso les digo que a ustedes se les quitará el reino, y que se le dará a un pueblo que produzca la debida cosecha.

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