"Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre va a enviar en mi
nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho".
Juan 14.26
Minutos de Amor 27 de mayo de 2007
Es el don del Resucitado: “Recibid el Espíritu Santo”. Es Dios-Espíritu Santo, que desde el comienzo estaba cuando se creó la tierra y que en el momento culminante de la historia ungió a Jesús (“el Espíritu de Dios está sobre mí porque me ha ungido y me ha enviado”) para llevarlo a su misión. Es el mismo Espíritu, que hoy sostiene a la Iglesia, con tantos carismas diferentes en un solo Cuerpo que es Jesucristo. El mismo Espíritu que anima y conduce nuestras vidas hacia la unidad y consumación de la obra redentora comenzada por Cristo el Señor. No podemos definir quién es el Espíritu Santo, porque es Él quien se encarga de las definiciones y las compresiones para que nosotros podamos alcanzarlas. No es una paloma, no es fuego, ni viento, ni aliento, no es lenguas de fuego. Todas son imágenes a través de las cuales intentamos acercarnos de alguna manera para poder hablar del Él.
El Espíritu Santo es lo más íntimo de Dios, se identifica con el Amor del Padre y del Hijo, ese amor que habita en nuestras vidas porque nosotros somos templos del Espíritu Santo. Es la misma vida de Dios que nos conduce, nos lleva y anima por el Camino de Jesús hacia el deseo del padre. Dios Espíritu Santo, es el que actúa en nuestra vida e inspira nuestras buenas acciones y sostiene nuestra existencia en la bendición. Es muy difícil hablar de Él porque es Él precisamente el que nos hace hablar, es quien nos da el conocimiento de la fe para conocer a Jesucristo y a quien le ha enviado. Es quien inspira y suscita la Palabra que leemos en la Biblia, el que nos posibilita orar (“nadie puede decir Jesús es el Señor si no es en el Espíritu Santo”), quien transfigura nuestras vidas. El Espíritu Santo es la intimidad de Dios que habita en nuestra propia intimidad.
Oración: Padre, nunca podríamos llamarte así ni dirigirnos a Ti, si no fuera por el Espíritu Santo. Ahora mismo estamos siendo conducidos e inspirados por Él para poder hablarle y sentir que nos estás escuchando. Es Él quien nos mantiene unidos a la vida Resucitada de Cristo, tu Hijo, y el que posibilita que nos ames como amas a Jesús, porque Él es el Amor de ustedes dos y está presente en nuestra vida. Queremos dejarnos llevar por el Espíritu, deseamos sentir con más fuerza, cómo empuja nuestra vida y la orienta hacia Ti en Jesús.
María, tú te dejaste llevar, el Verbo de Dios se encarnó en ti por obra y gracia del Espíritu Santo. Haznos sentir que nosotros también estamos guiados por el mismo camino y te pedimos que lleves a tu Hijo nuestras intenciones. Amén
Minutos de Amor 23 de mayo de 2007
Jesús encomienda al Padre la vida de los suyos, que “no son del mundo”. Esto no significa que no sean personas como todas las demás, sino que los criterios y la manera de entender la vida de aquellos que siguen a Jesús, no son los criterios ni las maneras que usan los hombres habitualmente en sus decisiones y opciones. La manera del mundo no es la manera del amor evangélico, eso lo sabemos todos perfectamente. La manera del mundo es la del poder de unos y el sometimiento de otros, la ley del que más puede. La manera del mundo es la del pez grande que se come al pequeño, por eso dijo una vez Jesús que estamos como corderos en medio de lobos.
Los discípulos de Jesús somos del mundo pero vivimos como si no fuéramos del mundo, porque sabemos que la última palabra no la tiene nada de lo que dejamos en este mundo que, por cierto, ha sido creado para que seamos felices en la hermandad y que, por no seguir los criterios del Evangelio, esa hermandad brilla por su ausencia.
Oración: Dios Padre nuestro, Jesús se puso habitualmente en oración contigo, hablándote y escuchándote. En unión con Jesús lo podemos todo y tenemos la oportunidad de estar contigo para que nos consagres en tu Consagrado. De esa manera podremos ser testigos de una nueva forma de ver el mundo, con los nuevos criterios del Evangelio.
María, nuestra Madre, tú eres la criatura consagrada por Dios-Trinidad, tú puedes seguir dándonos a nuestro Señor como nos lo diste en la gruta de Belén. Que seamos capaces de recibirlo del mismo modo que tú lo hiciste. Amén
QUINCE MINUTOS EN COMPAÑÍA DE JESÚS SACRAMENTADO
Y para ti, ¿no necesitas alguna gracia?
No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos Santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad... ; y poco a poco se vieron libres de ellos.
Ni menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿qué puedo hacer por tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte !
¿Traes ahora mismo entre manos algún Proyecto?
¿Y por Mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho, y que viven quizás olvidados de Mí?
Dime qué cosa llama hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente, y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, adonde me place.
¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿quién lastimó tu amor propio ? ¿quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.
¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser infundadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.
¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora olvidadas se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación.
¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme?
Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreir tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá has visto disipados negros recelos, quizá has recibido faustas noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna dificultad, o salido de algún lance apurado. Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado: ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente, como un hijo a su padre: « ¡Gracias, Padre mío, gracias!»? El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le gusta verse correspondido.
¿Tampoco tienes Promesa alguna para hacerme?
¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado hasta hoy como enemiga?
Ahora bien, hijo mío; vuelve a tus ocupaciones habituales, al taller, a la familia, al estudio... ; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda, en cuanto puedas, silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, la Virgen Santísima, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.
CASA DE LA MISERICORDIA, Santa Marta, Colombia
Apocalipsis 3.20
"Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos".
Minutos de Amor 21 de mayo de 2007
Nosotros profesamos la fe en Jesús Resucitado, pero también nos puede decir el Señor: “Miren, llega la hora en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo”. Esa hora llega porque es la hora de pasarlo mal, porque es la hora del llanto y del sinsabor, porque es la hora de las experiencias negativas de nuestra vida, cuando llegamos a pensar si tiene sentido seguir viviendo así. Ahí es donde, Jesús, nos dice que ha llegado esa hora y tenemos el peligro de desistir en nuestra fe. Pero Él, una vez más, advierte que hemos de contar con ello. En el mundo gozamos, pero también tenemos que sufrir, y justamente en esos momentos son en los que el Señor nos dice que tengamos valor, porque Él ha vencido al mundo. Nos está pidiendo que confiemos más en Él, para poder vencer todo lo que se nos viene encima. ¿Se puede vivir todo eso en paz? Sí, gracias a Él.
Oración: Padre Misericordioso, te pedimos, no tanto que alejes el sufrimiento de nuestra vida, sino que sepamos vivirlo desde Jesús y como Jesús nos muestra en el Evangelio.
María, nuestra Madre e intercesora, tú que conoces el sufrimiento en carne propia, enséñanos a vivir en la paz de tu Hijo los momentos difíciles de nuestro existir. Amén




