Eclesiástico 17.25-26

"Vuélvete a Dios y deja el pecado; ora en su presencia y disminuye tus ofensas. Vuélvete al Altísimo, apártate de la maldad y odia de todo corazón la idolatría".

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Minutos de Amor 19 de octubre de 2007

Dios perdona y olvida el pecado del hombre. Estamos convencidos del amor de Dios sobre nosotros. Él olvida nuestros pecados, por más graves que hayan sido y nos permite experimentar su perdón para mantenernos en su presencia. No puede existir un bautizado que se mantenga obsesivamente esclavizado por su pecado, si en el pasado ya fue confesado y perdonado por el ministerio de reconciliación. Somos libres por la acción de Dios, quien amorosamente nos devuelve la oportunidad de alcanzar su amistad. Pero por otra parte, tenemos que reconocer que tampoco son las buenas obras que realizamos las que nos alcanzan la justificación. Ninguna acción humana puede obligar a Dios a entregarnos su amor. Es por pura gratitud que Dios nos lo ofrece.

El Señor advierte que sólo hay que temerle a Dios, dueño de nuestro cuerpo y espíritu, y no hay que desgastarse en temores respecto de personas que sólo tienen un poder aparente. Podemos caer en el juego de la hipocresía: aparentar ante los demás ser personas virtuosas, mientras nuestro interior está lleno de pecado. Esta situación es como una plaga que se expande hacia las personas y termina por convertirse en una costumbre de vida, llena de vanidades, de exaltación de la propia personalidad. Jesús nos llama a la autenticidad de vida e incluso al heroísmo, en la medida en que somos capaces de ser diferentes, de soportar con serenidad la persecución, de mantenernos firmes en nuestras convicciones.

Oración: Señor, autor y fuente de toda santidad, hoy nos invitas a cuidarnos de la hipocresía y de todo aquello que causa oscuridad en nuestras vidas, todo aquello que nos aleja de Ti. Danos la gracia de ser fuertes ante la tentación, pues sin Ti nada conseguiremos. Ayúdanos, Señor, queremos seguir caminando contigo en la esperanza de un mundo nuevo para todos.

María, Madre de la Eucaristía, concédenos abundantes gracias, para fortalecernos con la paciencia, y la oración y así alegrarnos con la esperanza de la salvación eterna. Amén

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Proverbios 12.14

"Cada uno recoge el fruto de lo que dice y recibe el pago de lo que hace".

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Minutos de Amor 11 de octubre de 2007

Dios conoce el pensamiento de su pueblo, según el cual nadie será llamado a cuentas por sus malas acciones. La arrogancia de la comunidad tiene como fundamento la falsa convicción de la impunidad de su pecado. Dios declara la inminencia de un día en que habrá compasión para quienes han permanecido fieles a su amor, y corrección para quienes hicieron el mal. Somos nosotros ese pueblo, y por eso algunos se dedican simplemente a las ocupaciones diarias en el trabajo o en el estudio y otros, lamentablemente, se dedican a hacer el mal. Por eso es importante que Dios por medio de su Palabra nos recuerde sobre la existencia de la justicia divina, donde no sólo serán confrontados quienes optaron por el mal, sino lo más importante es que existirá una retribución para quienes han procurado el bien. Sin embargo, es bueno recordar que el día del juicio de Dios, las obras de todos los seres humanos se harán manifiestas.

El sentido de la oración de petición, donde la insistencia y perseverancia en la oración trae consigo el ser escuchados y atendidos por Dios. Nosotros que, a pesar de nuestra maldad, damos cosas buenas a los hijos, nos congratulamos al saber que nuestro Padre del cielo nos regalará el mejor don que podemos recibir si lo pedimos y esperamos, y que es la presencia del Espíritu Santo. Cada uno podría hacer inventario de todo lo que le pide al Señor, puede ser salud, prosperidad, armonía en las relaciones y demás. Hay que pedir incesantemente es el don del Espíritu Santo, que nos trae la presencia de Dios a la propia vida.

Una de las características que debe tener nuestra fe y de paso la oración, es un corazón agradecido. Muchas veces reducimos nuestro diálogo con Dios a una serie de interminables peticiones y olvidamos dar gracias al Señor por todo lo que nos prodiga diariamente.

Oración: Jesús, Dios nuestro, te damos gracias por haberte quedado cerca de nosotros en la Eucaristía; gracias por todas las bendiciones que nos das. Señor, somos tus discípulos y hoy nos pides que insistamos en la oración, danos la gracia de ser perseverantes y fieles. Te entregamos nuestras vidas, ven y fortalécelas. Haz que al hablar de Ti, nuestras palabras den fruto y muchos hermanos crean en Ti, te amen y te sigan.

María, Madre de la divina gracia, ayúdanos a ser ejemplo tuyo, tú siempre te dejaste guiar por el Señor, orabas y te fortalecías en su amor; haz que sepamos elegir el buen camino como lo hiciste tú. Amén

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Hebreos 11.1

"Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos".

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Minutos de Amor 7 de octubre de 2007

La fe es una virtud, un don gratuito de Dios y, como tal, susceptible de ser incrementada y objeto de petición constante por parte de los creyentes, como lo hacen los apóstoles en el Evangelio: “Danos más fe” Lc 17,5. En el Evangelio los discípulos le piden al Señor que les aumente la fe. El Señor les enseña el poder de la misma: “Si ustedes tuvieran fe, aunque solo fuera del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a este árbol: ‘Arráncate de aquí y plántate en el mar’, y les haría caso” Lc 17,6.

Tarde o temprano, llega la corrección que merecen las infidelidades y errores cometidos. La misión profética conduce a una verdadera conversión comunitaria que haga posibles personas, comunidades y pueblos nuevos. Profetizamos hoy en día en la medida en que defendemos la vida y promovemos su dignidad y sus derechos. Profetizamos contra la violencia generalizada, si somos capaces de sembrar semillas de paz en nuestros niños y jóvenes. Profetizamos a favor de la familia, si valoramos la unión conyugal y la primacía del amor. Si no reavivamos constantemente el don de la fe, estamos llamados a experimentar la disolución de nuestra relación con Dios. Si somos fieles a nuestra misión profética, recibiremos el premio de la eternidad, después de ver la cosecha de los esfuerzos que realizamos para difundir el Reino de Dios.

Con los discípulos, también nosotros hoy, suplicamos al Señor que aumente nuestra fe, puesto que reconocemos nuestra debilidad espiritual, nuestro desánimo interior, nuestra inconstancia en las decisiones ya tomadas. Sabemos que no es nuestro esfuerzo el que hace crecer la fe, sino que es el poder de Dios que nos regala el don de la fe, para poder responder a las diversas circunstancias por las que debemos atravesar.

Oración: Señor, Tú que nos concedes más de lo que merecemos y deseamos, perdona misericordiosamente nuestras ofensas y otórganos aquellas gracias que no hemos sabido pedirte y Tú sabes que necesitamos. Hoy, al igual que los apóstoles, te pedimos aumentes nuestra fe, pues en muchas oportunidades nos resulta difícil cumplir tu voluntad; ayúdanos a comprender que somos siervos y estamos llamados a cumplir una misión.

María, Madre del Rosario, gracias por todas las bendiciones que derramas en nosotros a través de esta oración; ven a nuestro lado y acompáñanos en nuestro diario caminar, como lo hiciste con Jesús. Fortalece nuestra fe, pues tomados de tu mano todo es posible. Amén

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NOVENA DE AGUINALDOS, Día noveno, Diciembre 24

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres, que les diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él, te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

(Se reza tres veces el Gloria al Padre)

Día noveno Diciembre 24

Consideración


La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén. Desechados por los hombres y viéndose sin abrigo, María y José han salido de la inhospitalaria población y se han refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina. Seguía a la Reina de los Ángeles el jumento que le había servido de cabalgadura durante el viaje y en aquella cueva hallaron un manso buey, dejado ahí probablemente por alguno de los caminantes que había ido a buscar hospedaje en la ciudad.

El Divino Niño, desconocido por sus criaturas, va a tener que acudir a los irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno, y le manifiesten con esto su humilde actitud, el respeto y la adoración que le había negado Belén. La rojiza linterna que José tenía en la mano iluminaba tenuemente el pobrísimo recinto, un pesebre lleno de paja que es figura profética de las maravillas del altar y de la íntima y prodigiosa unión eucarística que Jesús ha de contraer con los hombres. María está en adoración en medio de la gruta, y así van pasando silenciosamente las horas de esa noche llena de misterios. Pero ha llegado la media noche y de repente vemos dentro de ese pesebre antes vacío, al Divino Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con tan inefables anhelos. A sus pies se postra su Santísima Madre, en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. José también se le acerca y le rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imperturbable oficio de padre putativo del redentor de los hombres.

La multitud de ángeles que descienden del cielo a contemplar esa maravilla sin par, deja estallar su alegría y hace vibrar en los aires las armonías de ese "Gloria in Excelsis", que es el eco de adoración que se produce en torno del trono del Altísimo, hecha perceptible por un instante a los oídos de la pobre tierra. Convocados por ellos, vienen en tropel los pastores de la comarca, a adorar al "recién nacido" y a presentarle sus humildes ofrendas.

Ya brilla en Oriente la misteriosa estrella de Jacob, y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrá a depositar a los pies del Divino Niño, el oro, el incienso y la mirra, que son símbolos de la caridad, la oración y la mortificación.

¡Oh, adorable Niño Jesús!, nosotros también, los que hemos hecho esta novena para prepararnos para el día de tu Navidad, queremos ofrecerte nuestra pobre adoración; no la rechaces, ven a nuestras almas, ven a nuestros corazones llenos de amor. Enciende en ellos la devoción por tu Santa Infancia, no intermitente y sólo circunscrita al tiempo de tu Navidad, sino siempre y en todos los tiempos, devoción que fiel y celosamente propagada nos conducirá a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas las virtudes cristianas.

Oración a la Santisima Virgen(Para todos los días)

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te acogiese por madre suya: te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma y la de todos los que en este tiempo hicieran esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo recogimiento y la divina ternura con la que agradaste, para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza tres veces el Ave María y 1 Gloria)

Oración a San José(Para todos los días)

¡Oh Santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús!: infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza; te ruego por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verlo y recibirlo sacramentalmente, mientras en su divina esencia lo veo y lo gozo en el cielo. Amén.

(Se reza el Padre Nuestro, el Ave María y Gloria).

Aspiraciones para la venida del Niño Dios(Gozos)

Dulce Jesús mío, mi niño adorado, ¡ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh, Adonaí potente que, a Moisés hablando, de Israel al pueblo disteis los mandatos! ¡Ah! Ven prontamente para rescatarnos. Y que un Niño débil muestre fuerte brazo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh raíz sagrada de Jesé, que en lo alto presentas al orbe tu fragante nardo! ¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles, bella flor del campo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Llave de David, que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio! ¡Sácanos, Oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de Niño da al mísero amparo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca, ya el cordero manso! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto Bienhechor rocío, como riego santo! ¡Ven hermoso Niño! Ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo. ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Ven que ya María previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercano! ¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Véante mis ojos, de ti enamorados! Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! Prosternado en tierra te tiendo los brazos, y aún más que mis frases te dice mi llanto! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos, Ven a nuestras almas, ven no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús(para todos los días)

Acuérdate, ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! Que dijiste a la Venerada Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en ti, ¡Oh Jesús, que eres la misma verdad! Venimos a exponerte toda nuestra miseria.

Ayúdanos a llevar una vida santa para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia... de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a ti ¡Oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

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NOVENA DE AGUINALDOS, Día octavo, Diciembre 23

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres, que les diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él, te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

(Se reza tres veces el Gloria al Padre)

Día octavo Diciembre 23

Consideración

Llegan a Belén José y María, buscando hospedaje en los mesones, pero no lo encuentran, ya por hallarse todo ocupado, ya porque se les desecha a causa de su pobreza. Empero, nadie puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimentaba tristeza cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño, sonreía también con santa tranquilidad cuando fijaba la mirada en su casta esposa. El niño, aún no nacido, regocijábase en aquellas negativas, que eran el preludio de sus humillaciones venideras. Cada voz áspera, el ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos, eran una dulce melodía para sus oídos. Eso era lo que había contribuido a hacerle tomar forma humana.

¡Oh Divino Niño de Belén!, estos días que tantos han pasado en fiestas o diversiones o descansando muellemente en cómodas y ricas mansiones, ha sido para tus padres unos días de fatiga y vejaciones de toda clase. ¡Ah! el espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios. Cuántas veces no ha sido también el nuestro. ¿No cerramos continuamente, con ruda ignorancia, la puerta a los llamamientos de Dios, que nos solicita a convertirnos o su santificarnos o a conformarnos con su voluntad? ¿No hacemos mal uso de nuestras penas, desconociendo su carácter celestial, aunque cada una, a su modo, lo lleva grabado en sí? Dios viene a nosotros muchas veces en la vida, pero no conocemos su faz, no lo conocemos sino cuando nos vuelve la espalda y se aleja, después de nuestra negativa.

Pónese el sol del 24 de diciembre detrás de los tejados de Belén y sus últimos rayos doran la cima de las rocas escarpadas que lo rodean.

Hombres groseros codean rudamente al Señor en las calles de aquella aldea oriental, y cierran las puertas al ver a su Madre. La bóveda de los cielos aparece purpurina por encima de aquellas colinas frecuentadas por los pastores. Las estrellas van apareciendo unas tras otras. Algunas horas más y aparecerá el Verbo Eterno.

Oración a la Santisima Virgen(Para todos los días)

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te acogiese por madre suya: te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma y la de todos los que en este tiempo hicieran esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo recogimiento y la divina ternura con la que agradaste, para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza tres veces el Ave María y 1 Gloria)

Oración a San José(Para todos los días)

¡Oh Santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús!: infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza; te ruego por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verlo y recibirlo sacramentalmente, mientras en su divina esencia lo veo y lo gozo en el cielo. Amén.

(Se reza el Padre Nuestro, el Ave María y Gloria).

Aspiraciones para la venida del Niño Dios(Gozos)

Dulce Jesús mío, mi niño adorado, ¡ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh, Adonaí potente que, a Moisés hablando, de Israel al pueblo disteis los mandatos! ¡Ah! Ven prontamente para rescatarnos. Y que un Niño débil muestre fuerte brazo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh raíz sagrada de Jesé, que en lo alto presentas al orbe tu fragante nardo! ¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles, bella flor del campo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Llave de David, que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio! ¡Sácanos, Oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de Niño da al mísero amparo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca, ya el cordero manso! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto Bienhechor rocío, como riego santo! ¡Ven hermoso Niño! Ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo. ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Ven que ya María previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercano! ¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Véante mis ojos, de ti enamorados! Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! Prosternado en tierra te tiendo los brazos, y aún más que mis frases te dice mi llanto! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos, Ven a nuestras almas, ven no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús(para todos los días)

Acuérdate, ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! Que dijiste a la Venerada Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en ti, ¡Oh Jesús, que eres la misma verdad! Venimos a exponerte toda nuestra miseria.

Ayúdanos a llevar una vida santa para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia... de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a ti ¡Oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

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NOVENA DE AGUINALDOS, Día septimo, Diciembre 22

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres, que les diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él, te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

(Se reza tres veces el Gloria al Padre)

Día séptimo Diciembre 22

Consideración

Representémonos el viaje de María y José hacia Belén, llevando consigo, aún no nacido, al Creador del universo hecho hombre; contemplemos la humildad y la obediencia de ese Divino Niño, que aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de población de su provincia como si hubiese para Él en esa circunstancia algo que lo halagase y quisiese aprovechar la ocasión de hacerse empadronar oficial y auténticamente como súbdito, en el momento en que venía al mundo. ¿No es extraño que la humillación, que causa tan invencible repugnancia a la criatura, parezca ser la única cosa creada que tenga atractivos para el Creador? ¿No nos enseñará la humildad de Jesús a amar esa hermosa verdad?

¡Ah! Que llegue el momento en que aparezca el deseado de las naciones porque todo clama por ese feliz acontecimiento. El mundo sumido en la oscuridad y en el malestar, buscando y no encontrando alivio de sus males, suspira por su libertador.

El anhelo de Jesús y la expectativa de María son casos que no puede explicar el lenguaje humano. El Padre Eterno se halla, si nos es lícito emplear esta expresión, adorablemente impaciente por dar su Hijo único al mundo y verle ocupar su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esa santa humanidad, tan bella que Él mismo ha formado con tan especial y divino esmero.

En cuanto al Divino Niño, objeto de tantos anhelos, recordemos que hacia nosotros avanza lo mismo que hacia Belén. Apresúremos, con nuestros deseos, el momento de su llegada; purifíquemos nuestros corazones para que sean su mansión terrenal. Que nuestros actos de mortificación y desprendimiento preparen los caminos del Señor y hagan rectos sus senderos.

Oración a la Santisima Virgen(Para todos los días)

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te acogiese por madre suya: te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma y la de todos los que en este tiempo hicieran esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo recogimiento y la divina ternura con la que agradaste, para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza tres veces el Ave María y 1 Gloria)

Oración a San José(Para todos los días)

¡Oh Santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús!: infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza; te ruego por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verlo y recibirlo sacramentalmente, mientras en su divina esencia lo veo y lo gozo en el cielo. Amén.

(Se reza el Padre Nuestro, el Ave María y Gloria).

Aspiraciones para la venida del Niño Dios(Gozos)

Dulce Jesús mío, mi niño adorado, ¡ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh, Adonaí potente que, a Moisés hablando, de Israel al pueblo disteis los mandatos! ¡Ah! Ven prontamente para rescatarnos. Y que un Niño débil muestre fuerte brazo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh raíz sagrada de Jesé, que en lo alto presentas al orbe tu fragante nardo! ¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles, bella flor del campo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Llave de David, que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio! ¡Sácanos, Oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de Niño da al mísero amparo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca, ya el cordero manso! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto Bienhechor rocío, como riego santo! ¡Ven hermoso Niño! Ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo. ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Ven que ya María previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercano! ¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Véante mis ojos, de ti enamorados! Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! Prosternado en tierra te tiendo los brazos, y aún más que mis frases te dice mi llanto! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos, Ven a nuestras almas, ven no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús(para todos los días)

Acuérdate, ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! Que dijiste a la Venerada Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en ti, ¡Oh Jesús, que eres la misma verdad! Venimos a exponerte toda nuestra miseria.

Ayúdanos a llevar una vida santa para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia... de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a ti ¡Oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

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NOVENA DE AGUINALDOS, Día sexto, Diciembre 21

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres, que les diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él, te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

(Se reza tres veces el Gloria al Padre)

Día sexto Diciembre 21

Consideración


Jesús había sido concebido en Nazareth, domicilio de José y María, y allí era de creerse que había de nacer, según todas las posibilidades. Más Dios lo tenía dispuesto de otra manera, y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se cumpliera esta predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con el objeto, a saber, la orden dada por el emperador Augusto de que todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios. María y José como descendientes de David, no estaban dispensados de ir a Belén, y ni la situación de la Virgen Santísima, ni la necesidad en que estaba José de trabajo diario que les asegurase la subsistencia, pudo eximirlos de este largo y penoso viaje, en la estación más rigurosa e incómoda del año.

No ignoraba Jesús en qué lugar debía nacer y así inspira a sus padres que se entreguen a la Providencia, y de esta manera concurran inconscientemente a la ejecución de sus designios. Almas interiores, observad ese manejo del Divino Niño, porque es el más importante de la vida espiritual, aprended que Él se halla entregado a Dios, ya no ha de pertenecer a sí mismo, ni ha de querer a cada instante sino lo que Dios quiera para él, siguiéndolo ciegamente aún en las cosas interiores, tales como el cambio de lugar donde quiera que le plazca conducirle. Ocasión tendéis de observar esta dependencia y esta fidelidad inviolable en toda la vida de Jesucristo y este es el punto sobre el cual se han esmerado en imitarlo los santos y las almas verdaderamente interiores, renunciando absolutamente a su propia voluntad.

Oración a la Santisima Virgen(Para todos los días)

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te acogiese por madre suya: te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma y la de todos los que en este tiempo hicieran esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo recogimiento y la divina ternura con la que agradaste, para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza tres veces el Ave María y 1 Gloria)

Oración a San José(Para todos los días)

¡Oh Santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús!: infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza; te ruego por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verlo y recibirlo sacramentalmente, mientras en su divina esencia lo veo y lo gozo en el cielo. Amén.

(Se reza el Padre Nuestro, el Ave María y Gloria).

Aspiraciones para la venida del Niño Dios(Gozos)

Dulce Jesús mío, mi niño adorado, ¡ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh, Adonaí potente que, a Moisés hablando, de Israel al pueblo disteis los mandatos! ¡Ah! Ven prontamente para rescatarnos. Y que un Niño débil muestre fuerte brazo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh raíz sagrada de Jesé, que en lo alto presentas al orbe tu fragante nardo! ¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles, bella flor del campo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Llave de David, que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio! ¡Sácanos, Oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! ¡Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de Niño da al mísero amparo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca, ya el cordero manso! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto Bienhechor rocío, como riego santo! ¡Ven hermoso Niño! Ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo. ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Ven que ya María previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercano! ¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Véante mis ojos, de ti enamorados! Bese ya tus plantas, bese ya tus manos! Prosternado en tierra te tiendo los brazos, y aún más que mis frases te dice mi llanto! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos, Ven a nuestras almas, ven no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús(para todos los días)

Acuérdate, ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! Que dijiste a la Venerada Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en ti, ¡Oh Jesús, que eres la misma verdad! Venimos a exponerte toda nuestra miseria.

Ayúdanos a llevar una vida santa para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia... de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a ti ¡Oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

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