El señor dice: “Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza. Si alguien se quiere enorgullecer, que se enorgullezca de conocerme, de saber que yo soy el Señor, que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud, pues eso es lo que a mí me agrada. Yo, el Señor, lo afirmo.”
Jeremías 9.23(22)-24(23)
Minutos de Amor 1 de julio de 2007
Muchos podrán decir que se sienten bien lejos de Dios, viviendo en las cosas del mundo y sin preocuparse de las cosas del Señor; creen haber encontrado su vida y sienten que pueden vivir así, pero no saben lo que se siente estar con Él; no se han preocupado de su propia salvación y no tienen consuelo en sus sufrimientos y en sus momentos de desventura. En cambio, el que decide seguir al Señor, hará renuncias y sacrificios, será desprendido y generoso y estará dispuesto a todo por el Señor, pero cuando lleguen los momentos difíciles y cuando llegue la hora de la muerte estará tranquilo y hasta lleno de gozo de ir a disfrutar de la dicha del Señor en el país de la vida. Pero no hay que aplazar esta decisión ni dejarse amilanar por las dificultades o los obstáculos que se presentan durante el camino. Este amor tan grande que embarga el alma del cristiano, lleva cruz, lleva una vida nueva que implica cambios, que implica negación de sí mismo y renovación continua del propio ser, pero en medio de una gran alegría y esperanza. Hermanos, no lo duden, no aplacen la decisión, háganse discípulos de Jesucristo, no se arrepentirán, serán felices y permitirán que otro lleguen a serlo. No olvidemos que Cristo nos da la verdadera vida.
Oración: Señor, no dejes que se desvíe mi corazón ni que me distraiga en las cosas del mundo, no hay mejor manera de vivir lo que me queda de existencia que vivir contigo y a tu manera. Seré tu discípulo, Tú serás mi Maestro, caminaré en las tinieblas con tu luz, iré donde me envíes y haré lo que me pidas. No habrá lugar en mi corazón para nadie sino para Ti. Dame la gracia, Dios mío, de no apartarme nunca de Ti, de siempre serte fiel y de amarte sin medida y sin descanso, sin pausas, sin vacíos y sin vacilaciones. Dios mío, dame la gracia de ser siempre tuyo..
Virgen María, madre de los apóstoles y madre nuestra, te sientes feliz porque creíste que en ti se cumpliría la Palabra de Dios, haz que yo no desee otra cosa que hacer la voluntad del Padre y ser un fiel discípulo de tu Hijo. Amén
Isaías 55.10-11
"Así como la lluvia y la nieve bajan del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, y producen la semilla para sembrar y el pan para comer, así también la palabra que sale de mis labios no vuelve a mí sin producir efecto, sino que hace lo que yo quiero y cumple la orden que le doy".
Minutos de Amor 23 de junio de 2007
Oración: Señor Dios, sabemos y reconocemos que alimentas y vistes de mil colores a las aves del cielo, enséñanos a poner nuestra confianza en tu amor de Padre. No permitas que la tentación de la duda, ante la necesidad, nos acompañe. Sabemos que Tú estás siempre con nosotros y no nos abandonas ante la adversidad.
Virgen María, en los momentos difíciles reaviva en nosotros la esperanza del encuentro feliz con Dios cuando seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es. Amén
Proverbios 30.7-9
"Solo dos cosas te he pedido, oh Dios; concédemelas antes de que muera: aleja de mí la falsedad y la mentira, y no me hagas rico ni pobre; dame solo el pan necesario, porque si me sobra, podría renegar de ti y decir que no te conozco; y si me falta, podría robar y ofender así tu divino nombre".
Minutos de Amor 12 de junio de 2007
El cristiano, tiene una misión específica: ser sal para el mundo, fundirse en la sociedad, actuar discretamente, desde dentro, transformar su ambiente, sin que se note, con humildad; ser la sal de la vida para tantos que no encuentran el gusto de la misma. Ser como esa luz que ilumina, que ayuda a orientar, que acompaña, que no se apaga, sino, que por el contrario, siempre está dispuesta a servir, sin pedir nada a cambio. En fin, inmensa es la tarea que el Señor nos recuerda en este día: intensificar nuestra vida interior para poder ser sal y luz.
Oración: Gracias, Señor, porque en este día me invitas a ser un fiel servidor tuyo, que con una vida interior madura y cercana a Ti, sea capaz de acompañar, iluminar, orientar a tantos que hoy buscan dar sentido a su existencia. Este mundo insípido, áspero y desabrido necesita de tu luz, necesita tu sabor, tu sal. La sal del diálogo y del perdón, la sal de la escucha y de la caridad; la luz de la misericordia y del compresión, la luz del encuentro y del servicio. Hazme a mí Señor instrumento tuyo. Que con humildad y sin creerme superior o mejor a los demás, yo pueda con humildad, dar un poco de tu luz, de esa que he recibido gratis y a la vez, que pueda ser la sal que ayude silenciosamente a la construcción de un mundo más justo y solidario.
Oh Virgen gloriosa y bendita, madre de Dios y madre nuestra, dirige tu mirada hacia este pueblo que, alentado por el Evangelio de tu Hijo, desea encomendarse a tu protección celestial. Amén
Salmo 1.1-3
"Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita noche y día.
Ese hombre es como un árbol plantado a la orilla de un río, que da su fruto a su tiempo y jamás se marchitan sus hojas.
¡Todo lo que hace, le sale bien!"
Minutos de Amor 29 de mayo de 2007
“No te presentes a Dios con las manos vacías. Honra al Señor con generosidad y no seas mezquino en tus ofrendas. Da al Altísimo como Él te dio: generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar y te dará siete veces más”. La generosidad que pide Jesús es la de nuestras propias vidas. No es lo mismo “dar” que “darse”. Es cierto que Jesús no pide a todos que dejen casa, hermanos, padres, hijos o campos por su causa, pero lo que sí pide a todos, es que seamos generosos en la entrega de nuestra propia vida para seguir sus pasos, que son las exigencias del Evangelio.
Cuando uno se entrega a sí mismo es cuando puede entregar y compartir sus bienes, de otra manera es prácticamente imposible. A todo ello responderá nuestro Dios, ofreciéndonos en este mundo, cien veces más de lo que nosotros damos y, en el futuro, la vida eterna. Él, es en quien lo hemos encontrado todo y la razón de nuestro actuar se da en Jesús Resucitado. Hermanos, podemos dar cosas sin darnos a nosotros mismos y eso sucede cuando damos de lo que nos sobra. No es éste el sentido de la vida de Jesucristo, quien nos muestra el camino para sabernos dar personalmente, enseñándonos que podemos compartir aunque no tengamos nada material que dar.
Oración: Padre, bendito seas por el don de tu Hijo a nosotros. En Él, hemos comprendido lo que significa la generosidad sin reservas y la gratitud en su estado puro. Él, en su vida pública no tuvo posesiones y, sin embargo, es quien más ha dado a la humanidad porque se ha dado a sí mismo y se sigue dando a nosotros. Nos ha dicho que así es tu amor hacía todos tus hijos.
María, la mujer del “sí” a la hora de ofrecer tu vida entera, ya ves cómo estamos y cómo nos sentimos. A Ti seguimos encomendándonos para lograr nuestro propósito. Amén
Juan 14.26
"Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre va a enviar en mi
nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho".
Minutos de Amor 27 de mayo de 2007
Es el don del Resucitado: “Recibid el Espíritu Santo”. Es Dios-Espíritu Santo, que desde el comienzo estaba cuando se creó la tierra y que en el momento culminante de la historia ungió a Jesús (“el Espíritu de Dios está sobre mí porque me ha ungido y me ha enviado”) para llevarlo a su misión. Es el mismo Espíritu, que hoy sostiene a la Iglesia, con tantos carismas diferentes en un solo Cuerpo que es Jesucristo. El mismo Espíritu que anima y conduce nuestras vidas hacia la unidad y consumación de la obra redentora comenzada por Cristo el Señor. No podemos definir quién es el Espíritu Santo, porque es Él quien se encarga de las definiciones y las compresiones para que nosotros podamos alcanzarlas. No es una paloma, no es fuego, ni viento, ni aliento, no es lenguas de fuego. Todas son imágenes a través de las cuales intentamos acercarnos de alguna manera para poder hablar del Él.
El Espíritu Santo es lo más íntimo de Dios, se identifica con el Amor del Padre y del Hijo, ese amor que habita en nuestras vidas porque nosotros somos templos del Espíritu Santo. Es la misma vida de Dios que nos conduce, nos lleva y anima por el Camino de Jesús hacia el deseo del padre. Dios Espíritu Santo, es el que actúa en nuestra vida e inspira nuestras buenas acciones y sostiene nuestra existencia en la bendición. Es muy difícil hablar de Él porque es Él precisamente el que nos hace hablar, es quien nos da el conocimiento de la fe para conocer a Jesucristo y a quien le ha enviado. Es quien inspira y suscita la Palabra que leemos en la Biblia, el que nos posibilita orar (“nadie puede decir Jesús es el Señor si no es en el Espíritu Santo”), quien transfigura nuestras vidas. El Espíritu Santo es la intimidad de Dios que habita en nuestra propia intimidad.
Oración: Padre, nunca podríamos llamarte así ni dirigirnos a Ti, si no fuera por el Espíritu Santo. Ahora mismo estamos siendo conducidos e inspirados por Él para poder hablarle y sentir que nos estás escuchando. Es Él quien nos mantiene unidos a la vida Resucitada de Cristo, tu Hijo, y el que posibilita que nos ames como amas a Jesús, porque Él es el Amor de ustedes dos y está presente en nuestra vida. Queremos dejarnos llevar por el Espíritu, deseamos sentir con más fuerza, cómo empuja nuestra vida y la orienta hacia Ti en Jesús.
María, tú te dejaste llevar, el Verbo de Dios se encarnó en ti por obra y gracia del Espíritu Santo. Haznos sentir que nosotros también estamos guiados por el mismo camino y te pedimos que lleves a tu Hijo nuestras intenciones. Amén





